Aclamación antes del Evangelio
Cfr Marcos 10, 45

R. Aleluya, aleluya.
Jesucristo vino a servir
y a dar la vida por la salvación de todos.
R. Aleluya.
 

Evangelio

San Lucas 9, 46-50

Un día, surgió entre los discípulos una discusión sobre quién era el más grande de ellos. Dándose cuenta Jesús de lo que estaban discutiendo, tomó a un niño, lo puso junto a sí y les dijo: «El que reciba a este niño en mi nombre, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe también al que me ha enviado. En realidad el más pequeño entre todos ustedes, ése es el más grande».

Entonces, Juan le dijo: «Maestro, vimos a uno que estaba expulsando a los demonios en tu nombre; pero se lo prohibimos, porque no anda con nosotros». Pero Jesús respondió: «No se lo prohiban, pues el que no está contra ustedes, está en favor de ustedes».

Palabra del Señor



Paz y bien mis hermanos 

El Evangelio según San Lucas 9, 46-50 nos presenta dos actitudes que Jesús corrige en sus discípulos: la ambición de poder y la exclusión de quienes hacen el bien fuera de su grupo oficial. 

 

El Texto del Evangelio (Lc 9, 46-50)

El pasaje completo, que narra la discusión de los discípulos sobre quién es el mayor, la lección de Jesús con el niño y el episodio sobre quien expulsaba demonios en su nombre, se puede consultar de forma íntegra en la referencia. 

 
 
  • La tentación de la grandeza humana: Tras anunciar su sufrimiento, los discípulos discuten sobre quién es el mayor buscando reconocimiento. Jesús subvierte esta lógica mundana colocando a un niño en el centro, símbolo de vulnerabilidad en la antigüedad. 
  • El valor de la pequeñez y la humildade: La verdadera grandeza ante Dios se basa en la sencillez, el servicio y en reconocer nuestra dependencia de la gracia divina. 
  • La apertura y la tolerancia: Juan refleja un celo excluyente al prohibir obrar el bien a alguien ajeno a su grupo. Jesús enseña la universalidad del Espíritu, recordando que el bien une a las personas con Dios y no pertenece a un monopolio exclusivo.

    Compromiso Práctico

     
    • Renunciar a la vanagloria y al deseo de primacía.
    • Respetar el bien realizado por otros fuera de nuestra propia comunidad.
    • Acoger con amor a los vulnerables. [

Un abrazo en Cristo resucitado.
Bendiciones multiplicadas